DESCRIPCIÓN DEL PROBLEMA

¿La inclusión de las emociones en la planeación docente del proceso de enseñanza aprendizaje en la secundaria influye en el desempeño académico de los alumnos?

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¿CÓMO LLEGUÉ AL TEMA QUE QUIERO INVESTIGAR?

Mi nombre es Luis Ramón Vázquez Alejandre, tengo 32 años y nací en la ciudad de Tuxpan Veracruz un primero de diciembre de 1984, y aunque soy de origen veracruzano, mis raíces también son nayaritas pues mi padre pertenece a esta tierra y desde los dos años de edad yo he vivido en este hermoso lugar llamado Nayarit, la mayor parte de mi vida transcurrió en el municipio de Bahía de  Banderas donde estudié mis primeros grados, rodeado todo el tiempo del mar por la zona geográfica en la que crecí y también por el ambiente de la docencia pues mi madre se dedicó a esta profesión durante poco más de 30 años.

Cuando llegó el momento de entrar a la preparatoria hice examen de admisión para la Escuela Preparatoria Regional de Puerto Vallarta de la Universidad de Guadalajara, Ignacio Jacobo Magaña, institución en la que fui aceptado y en la que viví momentos decisivos para mi formación profesional; fue en esta institución cuando tuve mi primer acercamiento a la literatura, los medios de comunicación y una de mis grandes pasiones de la vida, el periodismo, recuerdo como si fuera ayer cuando fui admitido en el taller de periodismo impartido por la maestra Kiliel Casillas, sin lugar a dudas  todo un personaje, una docente que me enseñó que la comunicación es una de las grandes herramientas que como seres humanos tenemos para conseguir lo que nos propongamos; fue en ese taller cuando desarrollé más ampliamente mi gusto y amor por las letras,  y  es así como decidí estudiar Ciencias de la Comunicación.

Al salir de la escuela preparatoria tuve la oportunidad de estudiar en Monterrey, sin embargo, terminé estudiando mi licenciatura en Tepic Nayarit, lugar en el que vivo desde hace poco más de 15 años. En la Universidad Vizcaya de las Américas me formé en una de mis grandes pasiones, el periodismo, participé en la producción de varios cortometrajes y en la logística de eventos, sin embargo, el momento que marcó mi vida profesional sin lugar a dudas fue cuando tuve la oportunidad de ingresar a mi servicio social en uno de los periódicos más importantes del estado, Enfoque Informativo,  en este primer acercamiento a la realidad laborar reafirmé mi gusto y pasión por la comunicación y el periodismo, nunca imaginé que las relaciones sociales y gracias a mi jefa y ahora gran amiga Yuyú De Gandiaga descubrí una vocación a la que siempre me negué, me refiero a la educación.

Gracias a Yuyú quien me invitó a trabajar como docente de periodismo en la Universidad Marista de Nayarit tuve la dicha de ingresar al sistema educativo privado en el año 2005, fue en este lugar donde pude darme cuenta que el ser profesor era algo que me apasionaba y me permitía compartir experiencias, vivencias y conocimiento con los demás; he de confesar que siempre dije que jamás sería maestro pues crecí con una madre que por dedicarle tiempo a sus alumnos y a su trabajo, en ocasiones nos descuidaba un poco, al tiempo descubrí que esta acción era porque ella amaba su trabajo, disfrutaba hacerlo y sus recompensas eran inigualables.

Tras mi ingreso a la Universidad Marista de Nayarit tuve la fortuna de laborar en otros lugares como el Colegio México en donde experimenté en otro nivel educativo, la preparatoria, y nuevamente se me brindó la dicha de trabajar en una institución con filosofía religiosa; ya encumbrado en la docencia y sin descuidar mi labor periodística llegó a mí la oportunidad de ingresar al sistema educativo público como maestro de Secundarias Generales y así un 10 de octubre del año 2010 inicié mis actividades como maestro de español a nivel secundaria y a la cual me dedico actualmente.

Los tres primeros años como maestro de educación secundaria fueron decisivos para comprometerme aún más con mi labor como docente, pero sobre todo para redireccionar mi quehacer educativo lejos de mecanismos tradicionales en los que el maestro es la máxima autoridad, se educa con rigidez y los alumnos se atienden de manera generalizada.

En estos primeros años de ejercer como maestro de secundaria trabajé en una escuela donde la mayoría de mis alumnos provenía de familias disfuncionales, donde la máxima autoridad eran los abuelos por la ausencia de padres debido a diversos motivos migratorios; estudiantes con serios problemas de afecto por situaciones de padres adictos, madres dedicadas a la prostitución o algunos casos jóvenes en situaciones de abandono, padres presidiarios o bien falta de cariño.

Cuando fui consciente de esta situación, me percaté que mis alumnos en ocasiones estaban tan inmersos en sus problemas personales, su falta de amor, sus conflictos de identidad y situaciones de violencia doméstica que en sus pensamientos no tenían cabida para cuestiones académicas, sin embargo, la apertura de dicha conciencia no fue únicamente producto de la observación, sino de la vivencia personal.

Un día normal de clases mi alumna Juanita se encontraba, como era costumbre, tomando nota de las indicaciones en el pizarrón, yo, sin atender de manera particular las reacciones de mis alumnos impartí mi clase y cuando esta terminó todos salieron corriendo del aula excepto Juanita, situación que me llamó la atención y me acerqué a ella, toqué su hombro y me di cuenta que en su cuaderno únicamente había indicaciones y notas pero no resultado del trabajo, cuando sucedió esto  y pregunté a Juanita qué sucedía, ella irrumpió a llorar y me contó que su papá había sido aprendido por vender droga y su mamá los había abandonado.

Ante tal situación solicité hablar con sus tutores quienes de manera inmediata acudieron al llamado, en dicha charla su abuela, que era la tutora, me dijo que esta situación no era nueva, que tenía ya varios meses; he de confesar que esto captó más mi atención pues a pesar de convivir diario con mi alumna jamás me había dado cuenta que su desempeño escolar de ser bueno se había tornado en los últimos meses a deficiente, esta situación fue un foco rojo que me motivó a tomar y a llevar grandes cambios en mi práctica docente; a partir de ese día me enfoqué en preguntar diariamente a mis alumnos como se sentían, les preguntaba cómo les había ido en el día anterior y dedicaba parte de mi tiempo libre a interactuar con ellos en sus recesos o tiempos muertos.

Cuando empecé a trabajar con esta nueva dinámica empecé a escuchar en los pasillos que el maestro Luis de español (refiriéndose a mí) era un profe chido, buena onda y sus clases eran distintas a la de los demás maestros, poco a poco los rumores se extendieron por la escuela y fue así como mi director me mandó llamar para felicitarme por la aceptación que tenía por parte de mis alumnos y la mejora que habían tenido con respecto a bimestres anteriores.

Ya transcurrido un año con esta nueva dinámica de ejercicio profesional, un buen día llegó a la secundaria una convocatoria para una serie de diplomados sabatinos para mejorar nuestra práctica docente; recuerdo haber leído un par de títulos, sin embargo, el que cautivó mi atención desde el principio fue uno que versaba de la siguiente manera “Diplomado en Humanismo y Manejo de Emociones”, sin dudarlo, ese mismo día hice la solicitud para inscribirme y así, durante seis sábados consecutivos me vi inmerso en un curso en el que aprendí que la educación humanista es una herramienta fundamental para educar a los jóvenes de manera integral, atendiendo no solamente sus necesidades académicas, sino también personales, valorando su papel como estudiantes, pero sobre todo como seres humanos que piensan y sienten.

Al terminar dicho diplomado en el que viví gratas experiencias con los compañeros que también lo cursaron, se abrió para mí un panorama nuevo de ejercicio docente, y fue de esta manera como empecé a poner en práctica las habilidades desarrolladas en dicho curso que hasta la fecha marcan mi pauta como profesor y que hoy mismo me tienen inmerso en un proyecto de investigación en el que me planteo la importancia de atender las emociones de los estudiantes en el proceso de enseñanza aprendizaje.

JUSTIFICACIÓN

Por lo citado en párrafos anteriores y al ver de manera personal la manera en el que las emociones afectan el desempeño académico de mis alumnos, de manera específica y sin generalizaciones; me interesa investigar si esta afirmación es correcta o no, para ello me di la tarea de investigar en distintas fuentes bibliográficas, en especial, revistas de investigación educativa y libros sobre educación y emociones, si mi premisa era correcta;  en la medida que fui indagando me vi inmerso en una serie de estudias que afirman mi propuesta desde varias perspectivas, científica, sicológica, evolutiva y cultural.

En este sentido, tras la revisión de dichos escritos en los que sobresalen nombres como Damasio, Retana, Gardner, Dueñas y Pérez y Redondo, que citaré más adelante, me atrevería a asegurar que mi propuesta de intervención es válida pues dichos autores han realizado investigaciones similares de manera exitosa y han sentado los antecedentes de las mismas; sin embargo, de manera personal me gustaría englobar todas las propuestas en un “modelo de intervención educativa” para mi asignatura, en la que como docente no solo desarrolle actividades encaminadas al cumplimiento de los objetivos pedagógicos sino también emocionales.

Lo anterior, en el sentido que la moderna neurofisiología pone de manifiesto la interacción entre razón y emoción y se crea un modelo unitario de interacción continua entre mente y cuerpo como una entidad indisociable de interacciones complejas (Vázquez y Manassero 2007).

Entre los antecedentes más relevantes que evidencian la importancia del manejo de las emociones en el aula como estrategia para el desarrollo integral de los alumnos, encontramos a Antonio Damasio, quien además fija las bases neuronales que dan respuesta a la interacción inseparable del proceso cognitivo y emocional; en su artículo “We Feel, therefor we learn, Damasio especificó las bases neuronales en las que se centran las emociones en el proceso para la toma de decisiones, de la misma manera señaló que la razón no puede deslindarse de su contexto emocional sino todo lo contrario, los sentimientos tienen una influencia sobre la razón.

Por su parte autores como Hochschild y Thompson y Aveleyra hacen especial énfasis en otro de los elementos que considero indispensables al momento de valorar las emociones dentro del proceso de enseñanza aprendizaje en el aula; me refiero al manejo y dominio de las emociones de los docentes; cuando me encontraba en el momento de las observaciones de la práctica docente de algunos profesores, descubrí que “las emociones de los maestros, se transmiten a los alumnos y tienen injerencia sobre sus conductas, estados de ánimo y actitud ante el trabajo”, en este sentido, los autores mencionados con anterioridad expresan que la práctica de la enseñanza es en gran parte afectiva e implicada una increíble cantidad de trabajo emocional en el que los docentes tienen que conocer  y controlar sus emociones (Hoschild 1983); mientras que Thompson y Aveleyra (2004) aseguran que el conocer los estados emocionales de los estudiantes pueden ayudar al profesor a organizar de manera eficaz y eficiente su proceso de enseñanza aprendizaje.

Aquí considero que entra una nueva apreciación y consideración para nuestra práctica docente, “en la actualidad no debemos incluir en nuestras planeaciones únicamente los estilos de aprendizaje que nos han venido exigiendo desde hace algunos años, debemos valorar de la misma manera y con la misma importancia las emociones de nuestros alumnos y las propias para poder brindar educación de calidad”.

Ligado al manejo de las emociones del maestro encuentro la necesidad de crear ambientes sanos de aprendizaje en el aula tal como lo muestran los planes y programas de estudio vigentes de la Secretaría de Educación Pública, considero que el establecer un ambiente sano de aprendizaje es un ejercicio en el que se ponen en marcha la promoción de valores como el respeto y la solidaridad, así mismo de acciones como el trabajo en equipo, valorar los puntos de vista de los individuos y atender las necesidades emocionales, afectivas e intereses de los alumnos.

En esta parte sería preciso citar a Casassus (2006) quien establece que el pensamiento aunque parezca ser racional, está cargado de aspectos emocionales; de hecho no existe pensamiento puro, ni racional ni emocional, porque los pensamientos dependen de los intereses o necesidades de las personas y estos aspectos están mediados con el entorno por medio de las emociones.

Otro aspecto que considero incluir en el modelo que me gustaría desarrollar, son las relaciones que existen entre las emociones como mecanismo de respuesta ante acciones que afectan el desempeño escolar de los alumnos, por ejemplo, la frustración es un sentimiento recurrente en los alumnos cuando no pueden realizar alguna proeza en clase, sin embargo, creo que como docentes podemos contribuir a mejorar este tipo de sentimientos y emociones negativas por otras de índole positivo como la tenacidad y el sentimiento de satisfacción que se puede conseguir al cumplir un objetivo.

Como antecedente a esta idea podemos citar a Damasio (2007) quien afirma que las emociones son parte de los mecanismos básicos de la regulación de la vida, el miedo es una emoción básica, enormemente valiosa para nuestra supervivencia en situaciones adversas, las emociones son programas complejos de acciones en amplia medida automáticos confeccionados por la evolución.

Finalmente para concluir con la justificación de la idea de mi investigación, me gustaría describir que considero viable este proyecto puesto que la educación es una actividad que con los años ha ido evolucionando en virtud de las necesidades de las generaciones, sus inquietudes y los ritmos y exigencias sociales que se han impuesto, en este sentido, como seres sociales inmersos en el proceso de enseñanza y aprendizaje debemos valorar nuestras emociones no solamente como aspecto de nuestros sentimientos, sino, como herramientas de crecimiento y parte de la actividad cognitiva del ser humano que menciona Damasio; de la misma manera creo que las investigaciones que he leído brindan la pauta para la creación de un modelo en el que se conjunten el contexto, la autorregulación de las emociones, las emociones del alumno y las explicaciones científicas que aseguran la unidad indisociable entre el pensar y el sentir.

PREGUNTA DE INVESTIGACIÓN

 ¿La inclusión de las emociones en la planeación docente del proceso de enseñanza aprendizaje en la secundaria influye en el desempeño académico de los alumnos?

NOTA: No sé si es posible que en lugar de pregunta pueda proponer la creación de un modelo en el que se incluyan las emociones dentro de la planeación docente para mejorar el desempeño académico de los alumnos, esto en virtud de que creo que la respuesta a mi pregunta según la bibliografía y los autores que he leído es afirmativa.

 

 

 

 

 

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